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martes, 6 de marzo de 2012

Putin aplasta a sus rivales y gana las elecciones en la primera vuelta de las elecciones rusas

El actual primer ministro consigue el 63% de los votos

Vladimir Putin, actual primer ministro ruso, será el nuevo presidente del Kremlin. El candidato de Rusia Unida, que ya desempeñó el cargo entre 2000 y 2008, ha cosechado el 63,75% de los votos tras un escrutinio del 99,3%, según la Comisión Electoral Central (CEC). Este resultado, al ser superior al 50%, permite a Putin ganar las elecciones del pasado domingo en la primera vuelta. Estará en el cargo durante los seis próximos años.

En el mes de mayo Putin se convertirá en el máximo mandatario de Rusia, puesto que ahora ocupa Dmitri Medvedev, también miembro de Rusia Unida. Putin propondrá entonces a su protegido Medvedev como candidato a primer ministro ruso.

La participación en los comicios fue del 64% sobre un total de 110 millones de potenciales votantes, según informa el CEC. 45 millones de esas papeletas fueron para Putin (63,75%). En segundo lugar quedó el líder del Partido Comunista de Rusia, Guennadi Ziuganov, con el 17,19% de los votos. El multimillonario Mijaíl Prójorov se sitúa en tercera posición con 7,82%, seguido del ultranacionalista Vladímir Yirinovski (6,23%) y del socialdemócrata Serguéi Mirónov (3,85% de los votos).

Irregularidades legislativas
La Policía y el Ministerio del Interior ruso no registraron irregularidades legislativas durante las elecciones. Estos órganos dependen de Rusia Unida, el partido gobernante y ganador de las elecciones del domingo. Sin embargo, Golos, el organismo independiente que vigila que las elecciones se desarrollen con transparencia, señala que ha recibido más de 3.500 denuncias por irregularidades. La violación más habitual es el “carrusel”, que consiste en pagar a los votantes para que recorran varios centros electorales y voten por un candidato concreto. Los aspirantes Ziugánov y Prójorov también cuestionan el resultado electoral.

Moscú ha sido la ciudad donde se han producido más manifestaciones contrarias a Putin, pero también a favor. Al cierre de los colegios electorales decenas de miles de personas se reunieron frente al Kremlin para celebrar la victoria de Putin. A pesar de este apoyo popular, Putin ha perdido en la capital rusa casi un tercio de los votos cosechados por su predecesor, Medvedev, en 2008 (47,2% frente a 70,2%). En el polo opuesto se encuentra Chechenia, donde Putin recabó un 99,7% de los votos.

(Fuente: Agencias. Foto: AFP)


domingo, 4 de marzo de 2012

¿Qué le pasa a Rusia por la cabeza?

Las razones por las que Moscú se niega a condenar a Siria

¿Por qué Rusia no permite a la comunidad internacional intervenir, no necesariamente de con medios militares, en Siria? Rusia, con el apoyo de China, ha vetado en el Consejo de Seguridad de la ONU varias resoluciones condenatorias sobre el régimen de Bashar al Asad alegando que quiere “respetar la soberanía Siria”. Moscú también exige que se equipare la condena a la violencia perpetrada por las fuerzas de seguridad (Ejército, mujarabat,…) y por la oposición. ¿Se sostienen estos argumentos? ¿Son los motivos reales de Moscú? Si no es así, ¿qué se esconde detrás del pensamiento del Kremlin? 

El presidente sirio, Bashar al Asad visitó Moscú en diciembre de 2006 (Foto: AFP)

1. La lección que dejó tras de sí la intervención en Libia y la resolución 1973. Rusia se abstuvo en la votación a favor de la creación de una zona de exclusión aérea sobre Libia en pos de la protección de la población civil. De esta forma, los aviones de la OTAN bombardearon a las tropas de Muamar al Gadafi y permitieron que la contienda se inclinara del lado de los rebeldes. Rusia considera que las operaciones llevadas a cabo en el país magrebí se excedieron de lo previamente pactado en la resolución de Naciones Unidas. Además, la permisividad de Moscú no le ha permitido sacar tajada en la nueva Libia. Al contrario: Trípoli ha señalado que los contratos firmados con Rusia y China (que también se abstuvo en la votación de la ONU) tienen grandes posibilidades de cancelarse porque estos dos países no participaron activamente en la lucha contra Gadafi. 

2. Acuerdos comerciales con Damasco. Moscú es el principal suministrador de armas a Siria. 

3. Siria era un país protegido por la URSS en tiempos de la Guerra Fría, a pesar de que en varias ocasiones Damasco basculó más hacia Estados Unidos que hacia Moscú. La Unión Soviética proveía de armamento a Damasco para intentar equiparar fuerzas entre el Ejército sirio y el israelí (ésta era la doctrina de Hafez al Asad, padre de Bashar: intentar estar a la altura del poderoso ejército de Tel Aviv no para comenzar una guerra, sino para ejercer presión sobre Israel. No lo consiguió). Siria era la baza de Rusia para enfrentarse a Estados Unidos (representado por Israel) en Oriente Próximo. Ahora, a Rusia solo le queda Damasco para ejercer su influencia en Oriente Medio. 

4. El puerto de Tartus, al noroeste de Damasco, es la única base naval rusa en el Mediterráneo. Fue construida durante la Guerra Fría. 

5. Crear problemas a Occidente, sobre todo a Estados Unidos. Es una continuación en forma de pataleta de la Guerra Fría. Rusia quiere marcar territorio en el panorama internacional diferenciándose de su antiguo rival. 

6. Denunciar al Gobierno de Damasco por totalitario y violento sería condenarse a sí mismo. Rusia no es un país propiamente totalitario, pero la definición de Gobierno que tiene Vladimir Putin no es el más ejemplificativo de la democracia. Por eso, si Moscú condena la falta de libertades siria, ¿con qué poca vergüenza se enfrentaría Putin a sus ciudadanos? Hay que tener en cuenta que hoy, domingo 4 de marzo, se celebran elecciones presidenciales en Rusia. Todo apunta a que Putin saldrá elegido presidente, cargo que ya ejerció hace cuatro años (el mandatario ha desempeñado funciones de primer ministro durante los últimos cuatro años, y antes estuvo ocho como presidente). Por eso, quizá, una vez conseguido el objetivo de ganar las elecciones, la opinión de Moscú respecto a la crisis siria cambie. Los intereses rusos siguen detrás del apoyo a Bashar al Asad, pero Moscú no puede perder la poca credibilidad que le queda en el panorama internacional apoyando para siempre la masacre siria. El problema para el Kremlin es que, aunque finalmente ceda a las pretensiones mayoritarias de la ONU, siempre se le verá como el principal sustento de Bashar al Asad por haber permitido que el dirigente baazista haya asesinado impunemente a más de 7.500 personas, según las últimas cifras publicadas por Naciones Unidas.

lunes, 13 de febrero de 2012

La violencia tribal dificulta la transición libia

Los enfrentamientos entre tribus rivales en Libia dejaron ayer al menos tres muertos en la provincia de Al Kufra, al sureste del país, según ha informado un miembro de las fuerzas de seguridad. En el aniversario del comienzo la revolución –que se cumple el próximo viernes 17 de febrero-, el país no ha alcanzado la estabilidad, y las milicias regionales combaten por el poder y los recursos.

La violencia comenzó el pasado domingo. Grupos de personas armadas se han enfrentado a los combatientes de la tribu Tibu, procedente del norte de Chad y del sur de Libia, Sudán y Níger. La población local acusa a los Tibu de ocupar un oasis cercano e intentar asentarse en él. Según el agente Abdelbari Idriss, la tribu chadiana instaló un campamento en la localidad de Jalu el domingo por la noche y desde entonces están resistiendo allí.

En la provincia de Al Kufra la identidad tribal está más exacerbada que en las tribus de la costa mediterránea. En el año 2009, el régimen de Gadafi tuvo que enfrentarse a una rebelión tribal en la zona. El sátrapa se vio obligado a enviar helicópteros para frenar el levantamiento. El año pasado, Sudán les mandó armas para ayudar a los sublevados libios a controlar la zona frente a las milicias gadafistas.

Escollos en la transición
La transición libia está encontrando muchos escollos en su camino a la democratización. Los enfrentamientos entre milicias regionales y tribus rivales, que buscan aumentar su cuota de poder en el mapa de la nueva Libia, están dificultando el proceso. El Consejo Nacional de Transición (CNT), que desempeña las funciones de Gobierno provisional hasta que se celebren elecciones constituyentes –previstas para el mes de junio- no consigue consolidar su autoridad.

La debilidad de las nuevas instituciones libias se ha manifestado desde la muerte de Gadafi, en el mes de octubre. Un claro ejemplo de la inestabilidad del país se produjo a finales del mes de enero en la localidad de Bani Walid, en el distrito occidental de Misrata. La violencia desatada en la zona se atribuía a “enfrentamientos entre la población local y brigadas revolucionarias”, según expuso el enviado especial de Naciones Unidas a Libia, Ian Martin, ante el Consejo de Seguridad.

El próximo viernes 17 de febrero Libia celebra el aniversario de la revolución que culminó en el mes de octubre con la muerte del dictador Muamar al Gadafi, que se mantuvo en el poder durante 42 años. Los ocho meses de conflicto acabaron con decenas de miles de muertos y la ruptura del consenso que todas las facciones políticas y regionales habían mantenido durante la guerra. Por eso, un año después, el reto de la Administración libia es “la construcción de un estado de derecho”, según declaró Hasan Adru, miembro del CNT.

Los libios irán a las urnas el próximo mes de junio para elegir un congreso nacional y una Asamblea constituyente que redactará la nueva Carta Magna libia. Las elecciones generales tendrán que esperar, al menos, un año más.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Los islamistas moderados celebran la victoria en las elecciones marroquíes

La baja participación marca los comicios 

Los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo (PJD) festejan su más que probable victoria en las elecciones legislativas de Marruecos. En la sede del partido ya celebraban anoche una fiesta (donde corría el té verde en lugar del champán) por ser el partido más votado en las elecciones que tuvieron lugar ayer en todo el país. 

Los resultados de los comicios aún no son oficiales, y los datos con los que cuenta el PJD provienen de los escrutinios parciales que los propios interventores del partido, colocados en las mesas electorales, les han facilitado. Según el secretario general de los islamistas moderados, Abdelilá Benkiran, el recuento final superará todas las expectativas. “Vamos a conseguir entre 90 y 100 escaños”, apuntó. Aún así, el recuento parcial correspondía sobre todo a los votos de las ciudades, de donde el PJD recibe casi todo su apoyo. Aún faltan por contabilizar las zonas rurales, mucho más desfavorables para ellos. El Ministerio del Interior aún no se ha pronunciado para ofrecer datos oficiales. 

Abdelilá Benkiran, secretario general del PJD, con toda probabilidad ganador de las elecciones

El parlamento marroquí está compuesto por 395 diputados, lo que obligará al PJD a aliarse con otras fuerzas políticas. La principal opción para los islamistas es coaligarse con los partidos del actual Gobierno de coalición: el Partido Istiqlal (nacionalistas y liderados por el actual primer ministro, Abbas el Fassi), la Unión Socialista de las Fuerzas Populares (la principal formación de centro-izquierda y que forma parte de la Internacional Socialista) y el Partido del Progreso y el Socialismo. De momento, sólo han descartado el acuerdo con el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), más conocido como “el partido del rey”, y la Agrupación Nacional de Independientes (RNI), del actual ministro de Economía, Salahedine Mezuar. 

Estas elecciones se han adelantado 10 meses debido a las reivindicaciones aperturistas del movimiento 20-F, la vertiente marroquí de la primavera árabe. Sus protestas también obligaron al rey Mohamed VI a modificar la Constitución y recortar sus poderes como monarca. Las modificaciones establecidas se aplicarán a partir de estas elecciones, e implican que el monarca deba elegir al que será primer ministro de entre los candidatos de la formación política ganadora, sin tener que decantarse por el líder del partido, en este caso el PJD. Los islamistas moderados no eran, ni mucho menos, los preferidos por Mohamed VI para formar gobierno. 

Baja participación 
Las elecciones marroquíes se han visto marcadas por el escaso interés que suscitan entre la población. Solo el 45% de los 13,5 millones de electores inscritos han ejercido su derecho al voto. El porcentaje se reduce hasta el 28,4% de participación si se contabiliza también a los mayores de 18 años que no se han inscrito en las listas bien por apatía o bien por rechazo. A pesar de todo, la afluencia ha sido más elevada que en el año 2007, cuando solo acudieron a votar el 37% de los inscritos. 

El Gobierno ha intentado a toda costa convencer al electorado de que ejerciera su derecho a voto. El Ministerio del Interior ha enviado mensajes de texto a los electores y ha fomentado los anuncios de televisión para inducir a la movilización. Incluso algunos imanes, funcionarios del Estado, excusaron a los fieles que no acudieron a la oración del viernes si fue para ir a votar. Pero, a pesar de todo el esfuerzo, la implicación popular con las reformas “anti primavera árabe” impulsadas por Mohamed VI ha sido escasa. En cambio, parece que el Movimiento 20 de Febrero, impulsor de las protestas ciudadanos, ha visto medianamente satisfechos sus deseos. Durante las últimas semanas y apoyados por tres partidos de izquierdas y la gran asociación islamista Justicia y Espiritualidad, han promovido el boicoteo a las urnas. Éstos últimos convocaron el jueves por la noche una gran marcha en las calles de Tánger para mostrar su rechazo al proceso electoral, en el que no están admitidos. 

Elecciones limpias 
4.000 observadores velaron durante toda la jornada electoral para que la transparencia se mantuviera durante las votaciones y el recuento. A pesar de ello, es difícil mantener la legalidad con más de 38.000 colegios en los que los ciudadanos podían ejercer su derecho al voto. De esos 4.000 observadores, solo 200 eran extranjeros. 

Los resultados definitivos de los comicios se conocerán esta tarde o mañana, unas 48 horas después del cierre de los colegios electorales.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Los islamistas, favoritos en las elecciones más democráticas de la historia de Marruecos

El Rey se verá obligado a elegir a un primer ministro del partido vencedor


Las elecciones del próximo viernes en Marruecos representan un reto para el reino alauí. Son los primeros comicios celebrados tras la reforma constitucional que las protestas ciudadanas obligaron a llevar a cabo el pasado mes de julio. La principal novedad es que el rey Mohamed VI estará obligado a elegir a un primer ministro que milite en el partido vencedor de las elecciones. Hasta ese momento, el monarca podía escoger al candidato que más le gustase, independientemente de si era miembro del partido vencedor, de otro o si ni siquiera había concurrido a los comicios. 

Desde la independencia en 1956, nunca una Constitución había concedido tantos poderes al Primer Ministro en detrimento del Rey en Marruecos. Por ello, los partidarios del monarca temen un posible ascenso de los islamistas moderados, representados por el Partido Justicia y Desarrollo: ahora Mohamed VI tendría que elegir como primer ministro a un miembro de esta formación. Tras la victoria de Ennahda en Túnez y el ascenso de este tipo de formaciones en Egipto y Libia, el PJD se alza como favorito en Marruecos. Actualmente son la segunda fuerza en el Parlamento y el principal partido de la oposición. 

Marruecos está llevando a cabo una importante campaña de movilización del electorado para que los ciudadanos acudan a las urnas, y aún así no parece que los resultados vayan a ser positivos. En el país magrebí hay más de 20 millones de potenciales electores, pero solo algo más de 13,6 están inscritos y podrán participar el viernes. Los ocho millones restantes no poseen el carné necesario, ya sea por apatía o por desacuerdo con el proceso. Además, el número de votantes ha descendido en casi dos millones desde las últimas legislativas a pesar de que la población adulta ha aumentado. Una delegación de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha declarado que no parece que los comicios “susciten demasiado entusiasmo” entre los marroquíes. 

Otras fuerzas políticas 
El actual partido del Gobierno es Istiqlal, la derecha social conservadora liderada por el primer ministro El Fassi. Todo apunta a que no seguirá en ese puesto tras los comicios. También destaca un grupo conocido como G8, un conjunto de formaciones liberales que no se presentan juntas, pero que pretenden aliarse en el nuevo Parlamento para formar un bloque antiislamista. Dentro de ella se encuentra el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), fundado hace cuatro años por Fouad Alí el Himma, un amigo personal del Rey que ocupó el cargo de viceministro del Interior. Dos años después de su creación, el PAM ganó las elecciones municipales de 2009 a pesar de no ser la fuerza más votada en ninguna de las grandes ciudades. Actualmente, cuenta con medio centenar de diputados pese a no haberse presentado a las elecciones de 2007 (estos representantes tránsfugas se cambiaron de otros partidos al PAM durante el transcurso de la legislatura). A pesar de todo, el PAM concurrirá a las elecciones sin grandes aspiraciones (y sin Himma) porque ha recibido grandes críticas de parte del Movimiento 20 de Febrero. 

Manifestaciones proboicot 
Muchos marroquíes discrepan con el proceso electoral. En ciudades como Tánger, Casablanca o Rabat, entre otras 60, se registraron el pasado domingo manifestaciones favorables al boicoteo de las elecciones. Protestas que todas las televisiones y radios del país pasaron por alto en una clara estrategia de la Administración para que nuevos ciudadanos no se adscriban al boicoteo y que la participación supere el 37% del año 2007. 

Pase lo que pase el viernes, quien seguirá llevando las riendas de Marruecos será el monarca Mohamed VI.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Los egipcios exigen al Ejército que ceda el poder a civiles

La plaza de Tahrir volverá a ser el epicentro de la protesta

La plaza de Tahrir se ha convertido en el emblema de la lucha por la democracia en El Cairo. Por ello, un viernes más, los egipcios se concentrarán en el epicentro de las protestas del pasado mes de enero para exigir a los militares que cedan el poder político a autoridades civiles. 

Tras la caída de Hosni Mubarak, los egipcios se las prometían muy felices. Parecía que la batalla por la libertad y la democracia ya estaba ganada. Pero no fue así. Los militares, que no apoyaron al rais durante las protestas, se alzaron como los elegidos para guiar al pueblo en la transición. Liderados por el mariscal Tantaui, prometieron elecciones y una nueva Constitución. Pero, para ello, se apoyaron en algunas de las leyes más detestadas de Mubarak con el fin de “mantener el orden”. Es el caso, por ejemplo, de la Ley de Emergencia. Tras nueve meses de gobierno, las intenciones de la Junta Militar parecen más encaminadas a no perder los privilegios de los que disfrutaban en la época de Mubarak y a mantenerse en el poder que a impulsar un verdadero Estado democrático. 

Los egipcios acudirán por primera vez a las urnas en unos comicios democráticos el próximo 28 de noviembre. Elegirán los 498 escaños de la Asamblea del Pueblo y los 270 de la cámara baja o Shura. Tras su elección, los diputados deberán confeccionar la nueva Constitución, que será ratificada en referéndum por la población. He aquí el problema. La Junta Militar ha intentado inmiscuirse en la elaboración de esa nueva Carta Magna imponiendo unos principios supraconstitucionales que les beneficien, como por ejemplo otorgar poderes adicionales al Ejército y eximirlo del control presupuestario. Los partidos políticos han rechazado tal interferencia en el futuro poder legislativo. Los Hermanos Musulmanes consideran que las condiciones presentadas en el borrador del proyecto por Ali el Selmi, viceprimer ministro de Asuntos Políticos, contribuyen a “consagrar la dictadura” y “roban la soberanía a pueblo”. A pesar de todo, la mayoría de las formaciones políticas ha aceptado escuchar las propuestas de los militares, siempre y cuando sus peticiones no sean vinculantes a la hora de elaborar la nueva Constitución. El partido de la Libertad y la Justicia, brazo político de la cofradía integrista de los Hermanos Musulmanes, es el favorito en las elecciones del día 28, lo que explica su firme oposición a que cualquier agente externo interfiera en la comisión constitucional que los diputados deberán formar y en la que, presumiblemente, tendrán la mayoría. Cualquier imposición frustraría el establecimiento de sus principios políticos, encabezados por un Estado Islámico y la sharía como norma básica, en la futura Constitución. 

Tras la elaboración de la Constitución, los egipcios volverían a acudir a las urnas para elegir al nuevo presidente del país. La Junta Militar se muestra esquiva en este asunto, y ha planteado no celebrar dichos comicios hasta 2013. Por todos estos motivos, los ciudadanos egipcios de todas las tendencias políticas volverán a llenar el próximo viernes la plaza de Tahrir. Exigirán, sin condiciones, que sean autoridades civiles quienes detenten el poder político. La labor de los militares se da por concluida.